ARTICULO: ¿Y qué? ¡Soy minero!
Por: Leandro Ortiz de la Rosa
Para: mis queridos sanjuaneros que se dejan arrastrar por algunos que dicen cuidar el agua y la vida, que odian el oro pero viven de él y, además, se han aprovechado de San Juan y sus campesinos. Con aprecio, cariño y, sobre todo, mucho respeto.
Distinguidos, que sé que son una amplia mayoría muy significativa: Para mí son personas de gran valía. En verdad, dentro de ese conglomerado existen ciudadanos correctos. Esa es mi percepción: hay personas de grandes valores.
Valoro y comprendo el punto de vista que les han venido compartiendo en marchas, redes sociales, periódicos, radio y televisión mediante una campaña dirigida. No me extraña. Tras reflexionar, reafirmo mi posición: apoyo por diversas razones el estudio de impacto ambiental. Respeto la de ustedes, aunque mantengo una conclusión distinta. Entiendo las razones que los llevan a pensar así. Las respeto, aunque no las comparta.
De cualquier diferencia entre grupos antagónicos y radicales siempre habrá quienes piensen con cabeza fría y busquen un punto de entendimiento. También, de las contradicciones planteadas con altura fluyen las mejores ideas y se propicia el entendimiento entre los seres humanos.
Considero que de ambos lados hablemos personas que queremos lo mejor para San Juan. Se necesita un equilibrio fecundo de respeto y una mejor convivencia entre todos, a fin de sentarnos y enfocar el problema en sus distintos aspectos: social, jurídico, medioambiental y económico. Buscarlo por caminos diferentes sería un gravísimo error. El país está comprometido y al borde de un problema legal internacional. De eso estoy más que claro; pensar lo contrario sería una utopía.
Queridos amigos de San Juan, los Estados están sometidos a un ordenamiento jurídico de índole internacional y la república dominicana no escapa a ello. Los contratos y convenios internacionales firmados por el Estado nos comprometen como nación.
Con ese espíritu, y sabiendo que el amor y sentido de pertenencia que tengo por mi pueblo vale más que cualquier diferencia personal —que de hecho las tengo con seudodirigentes del famoso movimiento—, pero, porque soy sanjuanero, mis raíces están aquí y mi descendencia también, hijos y nietos, me permito compartir sin rodeos las razones por las cuales disiento de los llamados dirigentes que supuestamente cuidan el agua y la vida con el famoso dicho “Agua sí, oro no”.
Con el mismo cariño y respeto de siempre, a quienes se dejan confundir por esos que no son más que unos farsantes, les digo en lo personal: Es hora de sacar la cara, de decir quién es cada quién, sin dobleces, sin camuflaje. Y si por decir: “quiero empleo, más productividad y que mejoren las condiciones para San Juan, los campesinos de Hondo Valle y demás secciones”, me llaman enemigo del pueblo por apoyar la minería, pues, ¡yo apoyo la minería! ¿Y qué?
Es hora de decir con firmeza y coherencia de qué lado estoy. Pues sí, estoy a favor de que se reforme la ley minera, de que el país aproveche los recursos que se encuentren en el subsuelo para mayores beneficios al Estado, para salir de la crisis que nos espera. Si por eso soy minero, ¡pues soy minero! ¿Y qué?
¡Sí, soy minero! Por el hecho de no coincidir jamás con los oportunistas de siempre que en San Juan quieren estar en todo para sacar su tajada, y que por ello se oponen a los estudios de impacto ambiental. Si por eso soy minero, pues soy minero. ¿Y qué?
Si por no estar junto a oportunistas que nunca le han regalado un desayuno a un hambriento, ni una limosna a un mendigo, ni le han comprado una receta a un enfermo, me dicen que soy minero, ¡pues soy minero! ¿Y qué?
Ahora bien, no soy ni coincido con alguien que tenga dos pensiones del Estado sin trabajar y aún así cobre por contrato en Educación y en la Uasd y hasta niegue el Pan y apellido a sus hijos ¡Soy minero! ¿Y qué?, pero no oportunista ni aprovechador ni abandono mi descendencia.
Si por no coincidir con alguien que se haya hecho pasar como representante de los agricultores durante cuarenta años, tomar prestadas sumas millonarias al Estado y luego chantajear a los gobiernos, confundir y utilizar a campesinos haciendo piquetes a las autoridades para que le condonen las deudas, después de darse la buena vida, destruir hogares y buscar jovencitas, apoyado con el dinero del pueblo, me llaman minero, ¡pues soy minero!
No deseo, ni quiero, ni coincido con aquellos oportunistas de la radio y la televisión que buscan prebendas, son proveedores, se han enriquecido más y, para colmo, pretenden chantajear a la empresa GoldQuest Dominicana para que, tras bastidores, les den sumas millonarias por medio de contratos a través de otras personas.
Si yo soy minero porque he contribuido a despertar conciencias en los campesinos de Hondo Valle, El Romero, La Higuera, La Lima y El Hingeñito, al decirles que tienen toda una vida sin acceso a educación, televisión, Internet, radio y sin estar informados, y que hasta hoy, a esos “defensores” del pueblo les era indiferente, nunca fueron en su auxilio, y eso me hace ser minero y declarado no grato, con orgullo digo que no seré grato para ellos. Pero Dios tiene la última palabra.
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