ARTICULO: Gonzalo Castillo: el reciclaje de un experimento fallido que amenaza con hundir aún más al PLD

POR: RAFAEL MENDEZ (El Conde)

En política, insistir en el error no es estrategia: es terquedad. Y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) con el resurgir de Gonzalo Castillo como precandidato presidencial de cara al 2028.

Lo que hoy se intenta vender como una “nueva oportunidad” no es más que el reciclaje de un experimento político que ya fracasó. Gonzalo Castillo no nació como un liderazgo natural dentro del PLD, ni como resultado de un proceso democrático interno sólido. Fue, sin rodeos, una invención política del expresidente Danilo Medina en 2019, diseñada con un objetivo claro: cerrarle el paso al entonces compañero de partido Leonel Fernández.

Aquella jugada no solo dividió al PLD; lo desmembró. Provocó la salida de su principal figura histórica, dio origen a la Fuerza del Pueblo y debilitó una maquinaria política que parecía invencible. El resultado fue contundente: derrota electoral en 2020 y pérdida del poder.

Lo más cuestionable de todo es que Gonzalo Castillo, tras esa derrota, había dejado claro que no volvería a aspirar a la Presidencia. Su propio discurso apuntaba a un retiro político prudente. Sin embargo, hoy reaparece en escena, contradiciendo sus propias palabras y confirmando lo que muchos sospechaban: su figura sigue siendo una pieza movida desde las sombras del poder interno del PLD.

Su relanzamiento no es casual. Responde a una estrategia que vuelve a poner sobre la mesa el mismo objetivo de hace seis años: bloquear el crecimiento y posible retorno de Leonel Fernández, ahora fortalecido desde la Fuerza del Pueblo. Es la repetición exacta de una fórmula que ya demostró ser políticamente costosa.

Pero el país ha cambiado, y el PLD también. Ya no es la maquinaria dominante de antes. Hoy enfrenta desgaste, desconfianza y una militancia golpeada por decisiones que priorizaron intereses de grupo sobre la cohesión partidaria. En ese contexto, imponer nuevamente una candidatura sin arraigo genuino en las bases podría ser un error aún más grave.

Porque el problema no es solo Gonzalo Castillo. El problema es lo que representa: la insistencia en una forma de hacer política basada en el control, la imposición y el cálculo interno, en lugar de la renovación, la autocrítica y la conexión real con la gente.

Repetir el “invento” de 2019 en 2028 no solo luce desconectado de la realidad política actual, sino que podría terminar de sellar el debilitamiento del PLD como fuerza competitiva. Mientras otros actores evolucionan, construyen liderazgo y consolidan estructuras, el partido morado parece mirar hacia atrás, apostando por fórmulas que ya no funcionan.

En política, los errores no se olvidan cuando se repiten. Se pagan. Y todo indica que esta vez el costo podría ser aún más alto.

El PLD tiene ante sí una decisión histórica: corregir el rumbo o hundirse definitivamente en las consecuencias de sus propias decisiones. Y si insiste en lo primero, Gonzalo Castillo podría pasar de ser un error del pasado a convertirse en el símbolo de su declive definitivo.

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