Réquiem por Julio César del Cristo (La Ley)
Por: Rubén Moreta
En los años setenta llegó a la Escuela Primaria de Varones Francisco del Rosario Sánchez un hombre mulato, de casi seis pies de estatura, de pelo crespo, con un caminar de firmeza marcial, mirada de fiera y habla mandona.
Nombrado como oficinista, en su primer día de trabajo llevaba puesto un pantalón azul oscuro, camisa blanca y una corbata estampada. Rápidamente comenzó a sobrepasar su canon laboral, convirtiéndose en el asistente perfecto de Don Onésimo Medina, Director de la Escuela, quien ya presentaba síntomas de cansancio por la edad.
A los pocos días, imitando al director, este hombre comenzó a quitarse la correa y a repartir correazos a todos los muchachos que se quedaban jugando después de sonado el timbre o la campana de entrada, tras concluir el “recreo” matutino o vespertino. Igualmente castigaba a zurriagazos a los que se quedaban jugando “al pelotazo” en la inservible piscina de dicha escuela y que muchos años después el mismo personaje hizo que la eliminaran.
Una mañana, muy enojados, algunos de los muchachos más altos, quienes se habían quedado jugando el pelotazo, le preguntaron ¿quién era él para estar dándole correazos? secamente le respondió: yo soy LA LEY.
De ahí en adelante nadie se interesó en su nombre, ni nadie quiso o tuvo que preguntárselo. Simplemente le llamaban LA LEY.
Rápidamente eclipsó al Director Onésimo, y pasó a ser el control de la disciplina en la vetusta Escuela Francisco del Rosario Sánchez, espacio donde se han formado gran parte de los más notables jóvenes sanjuaneros/as, que hoy son orgullosos/as profesionales.
En fin, les aseguro que nadie en todo el planeta dio más “pelas y correazos” que este director para imponer orden y disciplina en un centro educativo. Afirmo que La Ley pudo estar en el Libro Guinness de los Récords Mundiales en este renglón.
Algo fundamental, que dista mucho de la sociedad de cristal actual, es que La Ley siempre tuvo el apoyo firme de nuestros padres y madres, porque no se trataba de violencia antojadiza y desbordada, sino de una acción puntual para corregir falta de disciplina en la escuela.
Luego de jubilarse el Profesor Onésimo, a La Ley lo designaron Director de la escuela y ahí fue que este hombre “apretó el chucho” con sus correcciones a los alumnos remisos.
Tras su ascenso a Director, La Ley cambió su forma de vestir y cada día, además de corbata, asistía con chaqueta impecable. Pero siguió siendo el mismo ser implacable con la indisciplina.
Se jactaba de su dureza y seriamente les confieso que en mi niñez a este personaje nunca le vimos sonreír. Mi generación lo odiaba en silencio, pero ya, después que nos hicimos hombres, todos nos dimos cuenta de cuán importante fue que en nuestra escolaridad primaria tuviera guiándonos un personaje con su severidad y rectitud, y comenzamos entonces a valorar y querer a La Ley.
La Ley fue un seguidor fervoroso del prócer Francisco del Rosario Sánchez, y se erigió en el auspiciador de descollantes celebraciones patrióticas en honor a este libertador dominicano que abonó con su sangre estas tierras.
Señores/as: estoy describiendo al Profesor, deportista y Abogado Julio César del Cristo Santiago, hijo de Juan Bautista del Cristo y Mercedes Vílchez Santiago, padre de dos hijas, querido por sus siete hermanos, hombre probo, recto y honrado, gran servidor comunitario, persona de moral intachable, a quien admiré y respeté.
Hoy 29 de junio de 2026 murió el Profesor Julio César del Cristo. Todo San Juan está llorando. Compungidos decimos adiós a un gran educador y mejor ciudadano.
Descanse en paz Julio César del Cristo, gran educador y conspicuo munícipe. Siempre te recordaremos.
El autor es Profesor UASD.

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