ARTICULO: El negocio y el tomógrafo en el Hospital Jaime Mota
Por: Carlos Lugo
Como usuario indirecto de los servicios del Hospital Regional Universitario Jaime Mota, a través de un familiar, pude conocer de primera mano la situación que se vive con el dichoso tomógrafo de ese centro de salud.
Muy lejos de pretender formular una acusación sin pruebas, quiero dar a conocer una amarga experiencia que me tocó vivir y que, estoy seguro, se parece a la de muchos pobres infelices que, al no poder resolver a tiempo una necesidad médica de esta naturaleza, terminan viendo agravada su condición de salud, con consecuencias que incluso podrían costarles la vida.
Aclaro la falencia es esclusiva de esta administración ni la pasada sino un problema que biene arrastrándose y que aconsecuencia del mismo muchos han salido beneficiados.
Empecemos.
A consecuencia de un accidente de tránsito, mi padre fue trasladado por el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1 al Hospital Jaime Mota. Durante el proceso de atención, necesitó los servicios de un tomógrafo.
Para mi sorpresa, las opciones que tenía eran trasladarlo hasta Neiba, prácticamente cargándolo al hombro, o buscar el servicio de manera privada. Ante esa situación, opté por acudir a otro centro de salud: la Clínica Magnolia.
Allí, sin mayores explicaciones, pagué RD$5,000, distribuidos de la siguiente manera: RD$4,200 por la realización del estudio y RD$800 para que un profesional lo leyera e interpretara. Sin embargo, esa lectura que supuestamente debía realizarse no se concretó como esperaba, pues al final solo me entregaron un reporte que sin ninguna explicacion solo me dijeron tome ahi y vallase en pocas palabras ya usted pago ya usted molesta.
Mientras pasaban las horas y hacíamos las diligencias para conseguir un cirujano maxilofacial —especialista que, dicho sea de paso, el Hospital Jaime Mota no tiene y que, según mi experiencia, tampoco encontramos en otros centros de salud de la provincia—, me encontré con otra sorpresa.
Por indicación del médico, era necesario realizar una reconstrucción en 3D para continuar con el proceso de atención y, posteriormente, poder operar a mi padre.
Al regresar a la Clínica Magnolia, me encontré con otra situación desagradable. Allí, un individuo —porque así es como lo voy a clasificar—, lejos de orientarme, explicarme o darme razones claras de por qué ese centro pretendía cobrarme otros RD$2,000, no supo justificar el nuevo cobro. En lugar de ofrecer una explicación, su trato fue tan hostil que parecía estar ladrando en vez de hablar.
Ante esa actitud, decidí marcharme. No fuera a ser que la rabia de aquel individuo terminara contagiándome también.
Después de esa experiencia, regresé al Hospital Jaime Mota y continué indagando sobre el dichoso tomógrafo, que, por lo que pude comprobar, parece un elefante blanco: se habla de él, pero nadie parece poder verlo menos utilizarlo.
Y eso es lo que más pena da. El Hospital Jaime Mota es un centro de salud de referencia regional y, como tal, no debería presentar una deficiencia de esta naturaleza, especialmente cuando se trata de un servicio diagnóstico que puede resultar determinante para atender a un paciente de emergencia.
Pero seguí preguntando. Pregunté aquí, pregunté allá y, entre camilleros, enfermeros y una que otra persona vinculada al centro, escuché versiones coincidentes: que ese tomógrafo no esta funcionado y que lleva más de tres meses fuera de servicio y que pacientes son trasladados a neiba cargando riesgos en el camino y costos adicionales para el estado Dominicano, como gasto de combustible por concepto de las ambulancias que trasladan a los pacientes.
Aclaro que se trata de informaciones que me ofrecieron esas personas y que no he podido verificar de manera independiente. Precisamente por eso, considero necesario que los funcionarios competentes expliquen públicamente cuál es la situación real del equipo, desde cuándo está fuera de servicio y qué se está haciendo para resolver el problema.
Y ahí es donde surge mi pregunta: ¿es un negocio que el tomógrafo del Hospital Jaime Mota permanezca fuera de servicio? ¿O existe algún interés en que supuestamente se dañe o continúe sin funcionar? Como algunos dicen.
No estoy afirmando que exista un negocio ni que alguien haya provocado deliberadamente una avería. Estoy planteando preguntas legítimas que nacen de una experiencia personal y de las versiones que escuché de otros pacientes, familares y amigos, mientras intentaba resolver una necesidad médica de mi padre. Corresponde a las autoridades investigar y aclarar lo que realmente está ocurriendo.
Mientras tanto, la historia del tomógrafo del Hospital Jaime Mota parece encaminada a entrar en el libro Guinness de los récords, aunque no precisamente por algo digno de celebrar.
Las personas que realmente necesitan ese servicio terminan obligadas a acudir a centros privados mataderos y a pagar sumas de dinero que muchas veces no tienen. Y la situación se vuelve todavía más difícil cuando, según las experiencias que he conocido, deben enfrentar costos elevados, servicios que no responden a sus expectativas y dificultades relacionadas con la cobertura de los seguros de salud.
Muchos pacientes y familiares no cuentan con los recursos para asumir esos gastos de manera inesperada. Sin embargo, cuando está en juego la salud de un ser querido, no queda mucho espacio para elegir: se busca el dinero donde sea, se hacen sacrificios y se paga lo que se pueda para intentar salvar una vida.
Señor presidente de la República, señor director del Servicio Nacional de Salud, doctor Julio Landrón:
Ambos han realizado un trabajo encomiable en favor de los sectores más vulnerables que acuden a los servicios públicos de salud. Por eso, entiendo que esta situación merece su atención inmediata.
Señores, les digo algo: sin salud no hay votantes.
Ahora que tienen conocimiento de esta denuncia sobre el tomógrafo fuera de servicio del Hospital Jaime Mota y de las dificultades que esto representa para los pacientes, les dejo estas preguntas:
¿Qué harán para resolver esta situación?
¿Se permitirá que los pacientes continúen dependiendo de mataderos privados, pagando sumas que muchas veces no pueden costear, mientras el tomógrafo de un hospital regional permanece fuera de servicio?
¿Se investigará por qué el equipo no está funcionando, desde cuándo presenta esa situación y quiénes deben responder por su mantenimiento y puesta en operación?
¿Seguiremos permitiendo que una situación como esta alimente sospechas de posibles negocios a conveniencia de algunos mercaderes de la salud, mientras los más necesitados cargan con las consecuencias?
La salud pública no puede convertirse en una carrera de obstáculos para quienes menos tienen. Un tomógrafo fuera de servicio no es simplemente una máquina que no funciona: es una dificultad adicional para pacientes que necesitan respuestas médicas oportunas y para familias que, en medio de la angustia, deben buscar dinero para pagar servicios privados.
La pregunta queda en manos de las autoridades: ¿qué harán para que el tomógrafo del Hospital Jaime Mota funcione y los pacientes puedan recibir la atención que necesitan?
El autor es: Comunicador, Director General de los medios, redes sociales y plataformas de noticias.

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