ARTICULO: Al PRM se le acabaron los cartuchos.
Por: Sonia Calderón
El partido político que nos gobierna ha ejercido el peor gobierno de la historia republicana. Nacido de la combinación de un acto de rebeldía del PPH- Hipólito y del capricho de un tecnócrata de ser presidente, no ha podido dar al traste en ninguna de las áreas de desarrollo. No se podía esperar más, surgió de la improvisación sin ideología política, sin objetivos de desarrollo y, peor aún, sin liderazgo definido.
El presidente que nos gastamos basó su campaña proselitista en promesas superfluas, con expresiones que parecía ser inventadas, en cada discurso o en cada entrevista. Orondo, hablaba de construir 50 mil viviendas, de la correcta aplicación de la Ley de Hidrocarburos, frenar y combatir la corrupción y para el endeudamiento, además de echarle la culpa de todos los males a los demás partidos. En 2024 repitieron la misma estrategia; pero, al darse cuenta de que así no conseguirían la reelección, abrieron la ventanilla de SENASA. Al día de hoy, se sabe que usaron más de 100 mil millones para incidir en los comicios; los más vulgares dicen que compraron las elecciones con la salud del pueblo .
Ahora se enfrentan al hartazgo de la población, algo que a los demás partidos del sistema les tomó veinte años.
¿Qué harán en 2028? Los ojos de la población están atentos a las instituciones, por lo que no podrán repetir lo ocurrido con SENASA. Peor aún, con Luis Abinader de salida, no creo que aparezca otro funcionario dispuesto a cargar con ese costo político. No pueden hablar de corrupción, pues rompieron todos los parámetros; cubiaron al sector liberal proaborto y pro-LGBT; engañaron a los narcos que les financiaron la campaña en distintas regiones del país, ahora deben esperar que ellos les pasen factura. Después de ocho años, ya nadie les compra el cuento de que la culpa es del pasado, y han perdido todo vínculo real con el electorado.
El panorama empeora ante la obligatoria reforma tributaria para reducir el déficit fiscal, en consonancia con los compromisos internacionales. Esto implicará más presión económica: pérdida de empleos, aumento de la inflación, alza del dólar, encarecimiento de la canasta básica y recorte del gasto corriente, limitando incluso su margen de maniobra política.
Sin obras trascendentales que exhibir, con el endeudamiento más alto de nuestra historia reciente, sin relato creíble y sin adversario a quien responsabilizar, el PRM llega exhausto al tramo final de su ciclo. El país ya no debate expectativas; debate resultados. Y los resultados son déficit, inflación y pérdida de confianza institucional.
Al PRM, no solo se le acabaron los cartuchos; se le agotó la credibilidad. Y en política, cuando se pierde la credibilidad, lo demás cae por su propio peso.
Como en la vieja leyenda de Chacumbele: no fue la oposición quien lo derrotará… será su propio proceder.
Y cuando un gobierno se derrota a sí mismo, el pueblo solo tiene que certificar el acta de defunción en las urnas.
En 2028 no habrá sorpresa; habrá sentencia.

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