ARTICULO: El Maestro en Perspectiva


Por Roberto Rosado Fernández, Educador

Si se concibe la educación como “ un proceso integral y permanente que hace posible la formación de personas críticas, analíticas, activas, innovadoras y responsables, capaces de contribuir a la construcción  del país y de la sociedad”, habrá de entenderse que ésta no puede ser memorística, ni mecanicista sino que debe contribuir a promover y lograr aprendizajes significativos con los que se consiga la adquisición de herramientas teóricas ,prácticas y tecnológicas que ayuden, a su vez, a comprender y transformar, tanto a las personas, como el medio en que éste se desenvuelve, con el propósito de transformar la educación, la cultura y la propia sociedad. En esta acción  queda comprometido el Estado, la sociedad y la familia.

La educación es fundamental para el desarrollo individual, social y productivo y las personas, en la medida en que   adquieren capacidades y competencias de aprendizaje, son consideradas factores claves y determinantes, tanto para su desarrollo personal como colectivo.

El educador, en ese contexto, juega un papel preponderante no  solo en la medida en que se prepara para educar, sino en la medida en que se fortalece intelectualmente cuando educa. Tanto el educador como el educando según Freire, “son  a su vez, educando y educador en un proceso dialéctico”. Ambos, agrega “, se transforman en sujetos centrales del proceso en un crecimiento mutuo, aquí la autoridad requiere estar al servicio siendo con las libertades y en ningún caso contra ellas”.

K.D Ushinski, hablando acerca de la autoridad pedagógica refiere,” La autoridad del maestro es su status moral en el colectivo de alumnos y colegas, es una forma peculiar de disciplina, con cuya ayuda  el maestro autoritario y respetable regula la conducta de los educandos e influye sobre sus convicciones.” Y agrega “La autoridad debe ser analizada también como forma de manifestación  de las relaciones psicológico-morales del maestro con el colectivo pedagógico y los padres. Ella depende de todo el conjunto de cualidades personales  y profesionales del pedagogo y de su actitud hacia los valores sociales”.

Un complemento adecuado para adecuar estos aprendizajes es las instituciones que existen en la localidad donde le corresponde aplicar los conocimientos adquiridos, involucrarlos en los quehaceres de la escuela, en el análisis de su problemática  para aumentar su responsabilidad como sujeto y convertirlos en parte decisoria en los asuntos relacionados con la toma de decisiones a favor de la localidad y de la escuela.

Con ello se fortalece la democracia y se crea, en ese ambiente de participación, la posibilidad de la satisfacción y la oportunidad de hacer de la escuela un instrumento idóneo para formar hombres capaces de involucrarse en el necesario proceso de transformación de la sociedad, y, el maestro el impulsor de las acciones que deben aplicarse para conseguirlo.

Asumir estas orientaciones constituye un aliciente, si se quiere ayudar a disminuir los déficits que presenta la escuela y el maestro que trabaja  en estos tiempos.

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