ARTICULO: Salud mental: una responsabilidad compartida entre autoridades, comunidad y familia
POR: ALFREDO DEL VALLE
Hablar de salud pública sin abordar con seriedad la salud mental significa dejar fuera una parte esencial del bienestar de nuestra sociedad.
En San Juan de la Maguana y en otros puntos de la región seguimos observando una realidad que no puede pasar inadvertida: personas con trastornos mentales que deambulan por las calles, muchas veces en condiciones de extrema vulnerabilidad, sin recibir de manera continua la atención profesional que necesitan y, en determinados casos, alejadas de sus familiares y de las instituciones responsables de garantizar su protección.
No se trata simplemente de una situación que debemos observar con pena o resignación. Es un problema social y sanitario que nos exige actuar.
La salud mental debe ser asumida como una responsabilidad compartida entre el Estado, los profesionales de la salud, las familias, las organizaciones comunitarias y la propia sociedad.
El tratamiento no termina en el hospital
Uno de los grandes desafíos que enfrentamos es lograr que las personas que padecen trastornos mentales puedan mantener la continuidad de sus tratamientos.
El sistema de salud puede disponer de médicos, psicólogos, psiquiatras, medicamentos, programas de atención y unidades especializadas; sin embargo, el proceso no termina cuando el paciente sale de un centro asistencial.
Ahí comienza otra etapa fundamental: el acompañamiento, el seguimiento y la reintegración familiar y comunitaria.
La familia desempeña un papel determinante, pero no debe ser abandonada a su suerte ni cargada con toda la responsabilidad. Muchas familias también necesitan orientación, apoyo profesional y acompañamiento institucional para saber cómo actuar ante una persona que atraviesa una crisis de salud mental.
Por eso, más que buscar culpables, debemos construir una red de apoyo efectiva.
Cuando una persona abandona su tratamiento, presenta una crisis o termina nuevamente en las calles, la respuesta no puede limitarse a trasladarla momentáneamente a un centro de salud. Se necesita seguimiento, coordinación y comunicación entre los servicios sanitarios, la familia y las instituciones sociales.
Una nueva oportunidad para San Juan
En este contexto, la reciente reinauguración de la Unidad de Intervención en Crisis de Salud Mental del Hospital Regional Dr. Alejandro Cabral representa una oportunidad importante para fortalecer la atención en la provincia y en toda la región El Valle.
La unidad fue remozada y equipada y dispone de seis camas, además de recursos especializados, incluyendo un área para terapia electroconvulsiva y monitor de anestesiología.
El propio Hospital Regional Dr. Alejandro Cabral mantiene dentro de su cartera de servicios las áreas de Psicología, Psiquiatría y las Unidades de Intervención en Crisis, con atención de emergencias y hospitalización.
Esta infraestructura representa un paso importante, pero una unidad moderna por sí sola no resolverá el problema.
Necesitamos aprovecharla como parte de una estrategia más amplia que permita detectar los casos, atender las crisis, garantizar el seguimiento médico, orientar a las familias y evitar que las personas vulnerables regresen al abandono de las calles.
La familia necesita apoyo, no señalamientos
Durante años hemos escuchado que la familia debe hacerse cargo de sus seres queridos con problemas de salud mental. Es cierto que su participación resulta fundamental, pero también debemos reconocer que existen familias que no saben cómo manejar determinadas situaciones, carecen de recursos o enfrentan dificultades para convencer a un familiar de aceptar tratamiento.
Por eso es indispensable fortalecer los programas de educación, orientación y acompañamiento familiar.
Una familia informada puede identificar señales de alerta, reconocer una posible crisis y buscar ayuda a tiempo.
Pero también necesitamos una comunidad capaz de comprender que una persona con un trastorno mental no es una amenaza por el simple hecho de tener una enfermedad, ni debe ser objeto de burlas, rechazo o discriminación.
La salud mental no puede seguir rodeada de prejuicios y silencio.
Una experiencia al servicio de la comunidad
Con esta reflexión no pretendo asumir protagonismo alguno ni, mucho menos, restar méritos al trabajo que realizan médicos, psicólogos, psiquiatras, enfermeras, trabajadores sociales, autoridades e instituciones vinculadas a la salud.
Por el contrario, mi propósito es poner a disposición de las autoridades y de la comunidad la experiencia acumulada durante 16 años de trabajo en el Departamento de Promoción de la Salud del Ministerio de Salud Pública en la provincia San Juan.
Desde esa experiencia considero que ha llegado el momento de sumar voluntades y establecer mayores niveles de coordinación para enfrentar una problemática que no distingue edad, condición económica ni posición social.
Estoy dispuesto a colaborar, dentro de mis posibilidades, con las autoridades, profesionales y familias que necesiten orientación para canalizar adecuadamente a personas que requieran atención en salud mental.
No podemos mirar hacia otro lado
Cada persona que permanece en las calles sin recibir la atención que necesita representa un llamado de atención para todos.
No basta con decir que la salud mental es importante. Tenemos que demostrarlo con acciones.
Las autoridades deben garantizar servicios accesibles y de calidad; los profesionales deben continuar ofreciendo atención especializada; las familias deben involucrarse y recibir el apoyo necesario; y la comunidad debe abandonar la indiferencia y los prejuicios.
También es necesario fortalecer la prevención, porque esperar a que una persona llegue a una crisis grave para intervenir significa haber perdido oportunidades valiosas de atención temprana.
San Juan tiene hoy una infraestructura renovada y una oportunidad para avanzar. Aprovecharla requiere voluntad, coordinación y, sobre todo, sensibilidad humana.
Porque detrás de cada persona que vemos deambulando por nuestras calles existe una historia, una familia y, muchas veces, una enfermedad que necesita ser atendida.
La salud mental no puede seguir siendo el problema que todos ven, pero que nadie quiere asumir.
Cuando una persona en crisis queda abandonada en las calles, no solo estamos fallando en la atención de un individuo; estamos dejando al descubierto una deuda colectiva con la dignidad humana.
Cuidar la salud mental es cuidar a nuestras familias, proteger nuestras comunidades y, en última instancia, cuidar la vida.
La responsabilidad es de todos. Y el momento de actuar es ahora.

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