Danilo, Otra Reelección y la Amenaza de un Leviatán


Por Rubén Moreta
En su idiolecto, el pintoresco Hipólito Mejía fascinado y extasiado en el ejercicio de la Presidencia de la República Dominicana reveló: “Me gusta el carguito”
Al parecer, el actual Presidente Danilo Medina tiene la misma sensación placentera de Hipólito, respecto a la Presidencia: también le gusta el “carguito”, a juzgar por los innegables aprestos que persiguen su continuidad en el mando público, para un tercer período sucesivo.  
Actualmente, el guion mediante el cual se pretende imponer una nueva relección del Presidente Medina es similar al instrumentado en 2015. Esto se explica porque hace rato que está en pie una campaña de “golpe y derribo” del principal adversario interno de Medina, el doctor Leonel Fernández, junto a la publicación, desde el entorno del Palacio Nacional, de encuestas que presentan una popularidad empinada del mandante sureño.
Asimismo, sobresale una profusa campaña del gobierno batiendo y encaramando el supuesto “crecimiento económico” del país, y cada semana se realizan masivas inauguraciones de obras públicas, donde los oradores insuflan el mesianismo del gobernante e “imploran” su reelección. 
Pero el escenario que tiene gobernante sanjuanero hoy es hostil.  En buen dominicano, “la pava no pone donde ponía”, porque a Danilo Medina le “cogieron las señas”, ya que dos frentes opositores (interno y externo) madrugaron y están atrincherados en el frente de batalla, cañoneándolo con impetuosidad: un Leonel Fernández envalentonado, aspirando al poder, con dos millones de simpatizantes detrás suyo, y una oposición más optimista y apertrechada, vendiendo como marca principal para el cambio político al Partido Revolucionario Moderno (PRM), bajo el slogan “ponte en esto”.
La coyuntura indica que el Presidente Danilo Medina no las tiene todas ganadas en su afán continuista.  Por su ambición personal y egolatría una derrota electoral en 2,020, cual leviatán, lo hundiría a él y su partido, y peor, la historia lo registraría como un descolorido y vacuo caudillo, similar a los tantos que hemos tenido a lo largo de nuestra caciquesca historia social y política. 
El fantasma de la división en el oficialista Partido de la Liberación Dominicana ha aflorado.  Eso no se puede negar. Es tal el antagonismo, que ante los golpes recibidos por los leonelistas, de no ser candidato presidencial en 2,020 el nacido en Villa Juana, estos estarían dispuestos a “quemar la nave”.
El autor es Periodista.

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